El ser y la nada

Existen vidas vacías y vacíos como agujeros negros.

Piénsalo. Les has visto cienmil veces. Están por todas partes, nos rodean como zombis silenciosos. Es esa mujer que se sienta a tu lado en el bus, con la mirada perdida, la cara cetrina, el rictus serio. También están en tu gimnasio, en la sala de reuniones, son los que te dan la mano con aire distraído, como un manojo de hojas secas. Están en la puerta del cole y en el parque, rebuznando en Twitter.

Son las pseudo-existencias, seres ¿humanos? que viven vidas que no son ni eso. Sucesiones de días vacíos carentes de ilusiones ni sentido. Hay gente que amanece ya con el cabreo puesto, con las comisuras de los labios permanentemente apuntando hacia abajo, que no vibra con nada, a la que no le gusta nada: ni la música, ni sus hijos, ni a lo que se dedican.

Los seres-nada desean ser siempre los protagonistas. ¿Estás embarazada? Su embarazo fue el PEOR del mundo. ¿Te tienen que operar? Pues prepárate a escuchar el relato pormenorizado de todas sus desgracias. ¿Te divorcias? Ellos ya lo hicieron, y no han levantado cabeza. ¿Te casas? Uf, qué agobio, el sitting, los cuñados, los zapatos…

Los seres-nada gustan de llamar a los programas de la radio y sacar el dedo (virtual) de pontificar para contar SUS verdades verdaderas inspiradas por el Espíritu Santo. La omnisciencia y la infalibilidad son dos de sus características, y cuenta la leyenda que el día que uno de ellos reconozca otro punto de vista diferente al que mantiene desde la cuna, explosionará el Universo y morirán tres gatitos en el Cielo.

Son leguleyos estos seres de la nada, picapleitos y discutidores hasta el desvelo. Negativos y agoreros. Derrotistas. Muy dados a la demagogia, al puñetazo en la mesa, al encabronamiento perpetuo. Ocupan todas las clases sociales, sexos y condiciones, y extienden sus tentáculos de negatividad como pulpos negros en busca de víctimas a las que extrangular.

Los seres de la nada están vacíos por dentro aunque por fuera luzcan capas de armiño. Pero mírales a los ojos. Ten cuidado al asomarte porque te abrasará por dentro la oscuridad de su abismo.

Pilar Benítez, mujer todoterreno

Traductora jurada y amante del poder de la palabra